PRINCIPIOS, VALORES
La sensación bastante común en la época que nos ha tocado vivir, creo que muy generalizada en todo el mundo, es que ya no existen principios ni valores, o hay una gran carencia de ellos, que orienten y sustenten las conductas de las personas. Se detecta, como consecuencia de esto, un vacío existencial que nos debería impulsar a emprender una búsqueda y un camino frente a esa realidad.
Xxxxx -O- xxxxX
La que sigue es una reflexión sobre el tema que espero tenga algún interés en esa búsqueda de lo que nos pasa, tanto en el plano personal, individual como colectivo, como parte de la sociedad en que estamos inmersos.
Xxxxx –O- xxxxX
Vivimos en sociedades cambiantes, efervescentes en las que muchos podemos sentirnos meros espectadores o incluso víctimas o perjudicados por lo que hacen otros, por lo que hace una potencia o un sistema mundial globalizado en un juego de ajedrez mundial que se nos escapa porque en el mismo no somos damas, reyes ni torres; ni siquiera alfiles o caballos sino simples peones.
El papel que se nos asigna como piezas del engranaje de la sociedad defiere según la geografía donde estemos ubicados, el grupo regional de países (EU, Europa, Asia, Africa, Latinoamerica, etc.), la clase o grupo social al que pertenecemos o la familia en la que hemos nacido.
Es verdad que algunos grupos o tribus alejados del mundo globalizado escapan aún a esta división de funciones y tienen unos valores determinados según el momento o grado de evolución histórica en que se encuentren, pero en el resto del mundo hay unos “valores” que se imponen por el sistema capitalista imperante (la agresividad ejecutiva empresarial, por ejemplo) y como reacción hay también unos contravalores o nuevos valores que se vislumbran o intuyen como verdaderos, frente a los que han sido impuestos o establecidos (la solidaridad). Estos nuevos valores pueden constituirse en principios que rigen nuestro pensamiento y conducta hacia un cambio.
Sin embargo, la sensación que se constata en las sociedades del llamado primer mundo es la de la existencia de una carencia de valores, salvo que se entienda como un valor la búsqueda de dinero, de ganancias, de enriquecimiento personal a toda costa y la persecución del placer egoísta personal. Esta adoración del “becerro de oro” da lugar a fenómenos generalizados de corrupción, de delincuencia, tráfico de drogas y consumo de las mismas, violencia, prostitución o incluso pederastia (como se está viendo cada vez mas en la actualidad). Otras manifestaciones que se toleran más en la sociedad y que atraen la atención del gran público son por ejemplo el famoseo frívolo y la banalización de la cultura que encuentran su expresión en la llamada prensa rosa.
El culto y la adoración del dinero y lo que éste proporciona tiene como una consecuencia lógica el consumismo: el placer cada vez aparece más como producto mercantil de consumo, generalmente de tipo sexual: prostitución, pornografía, artilugios sexuales de venta en sex-shops, pero también aquellos que modifican artificialmente la conducta (distintos tipos de drogas: hachís, cocaína, alcohol, anfetaminas y fármacos y productos tóxicos de diferente tipo consumidos de forma arbitraria y sin la adecuada orientación médica). Pero el consumismo es también derroche y falta de racionalidad en la utilización de bienes necesarios en nuestras vidas: gasolina, electricidad, consumos alimentarios insanos, etc. El mundo de Internet crea, entre otras cosas, todo un “paraiso” virtual que si no se controla puede desconectarnos de nuestras realidades más cercanas: pareja, familia, vecinos, amigos, barrio, ciudad o país. Frente a todo esto, surge en el campo de nuevos valores, el valor del cultivo de la salud, lo que se llama el estilo de vida sano y el cuidado del medio ambiente que ha dado lugar a la ciencia de la ecología.
En el macrocontexto internacional llamado globalización que hemos esbozado mas arriba, los valores no proceden únicamente del entorno familiar: padres, abuelos, etc. y su legado familiar ni de la escuela, aunque ambas instituciones puedan ejercer una importante influencia sino que también proceden en proporción cada vez mayor del poder mediático del sistema económico-social dominante, es decir de los medios de comunicación, principalmente de las diferentes cadenas de televisión e Internet, que son los medios que mas llegan a las amplias capas de la población. Estos medios transmiten los valores que se quiere que la gente asuma, de forma vertical (de arriba abajo) bien sea desde el poder político, bien el mensaje procedente de la forma de ver la vida y las cosas de los poderes económicos que hay detrás de esos medios. El mensaje puede tener un contenido cultural, de entretenimiento, formativo, informativo, etc.
Ahora bien, para que la persona no sea un mero receptor pasivo de información, de consignas, de pautas, es decir de “valores” que forman un “guión” preestablecido, es necesario que dicha persona esté en el centro de cualquier proyecto social o político si éste no quiere ser una simple materialización del guión escrito por el poder dominante cualquiera que sea su signo. Los valores no son sólo por tanto, transmisión de padres a hijos o herencia cultural o un conjunto político-jurídico de normas que un Estado impone de múltiples formas sino también un proceso creador en que la persona las hace suyas, reflexiona sobre ellas, las analiza, les da nueva forma y crea otras nuevas en un proceso dinámico interactivo con la sociedad en que vive. Un ejemplo práctico de esto puede ser el siguiente:
Un televidente ve un anuncio de Televisión donde se nos presenta un producto determinado, vamos a suponer que se trata de un nuevo artículo de alimentación con una nueva marca y que nos resulta sumamente atractivo por diferentes motivos, entre ellos la forma especial en que está hecho el anuncio. Una opción sería comprarlo en la primera ocasión en que vayamos al centro comercial ya que nos ha entrado por los ojos pero si somos conscientes de que como personas somos un factor fundamental sin el que el mercado no podría funcionar y teniendo en cuenta que las grandes empresas hoy dominan el mercado e intentan controlarlo cada vez mas, nos podemos parar a pensar sobre el valor real que ese producto puede tener para nosotros, quien lo fábrica, si no hay otros productos que nos puedan servir y sean de más calidad que éste y a mejor precio, si el producto es ecológico y respetuoso con el medio ambiente, si quienes están detrás de la empresa que lo fabrica merecen ser potenciados como productores, si no hay otros artículos que cubran las mismas necesidades fabricados por pequeñas empresas o cooperativas que merezcan ser potenciadas. Recordemos como en su día se hizo un boicot contra los productos fabricados en Suráfrica como una forma de lucha contra el apartheid. De esta manera, estaremos actuando sobre un “valor” que se nos quiere transmitir que es el del consumo irracional que favorece intereses capitalistas oligárquicos adoptando un nuevo valor como nuestro que es el del espíritu crítico y el consumo responsable. Si además somos capaces de que este proceder, sobre todo en el caso de que el boicot a ese producto favorezca a colectivos de personas, sea asumido por más personas, grupos, etc. estaremos practicando el valor de la solidaridad, la ayuda mutua y la transformación social.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
1 comentario:
Yo creo que los valores ahora han cambiado, no sólo hay que poner de ejemplo a los jóvenes que tienen nuevos valores, sino a toda la sociedad. Como bien apuntas, Don Dinero es muy poderoso -_-
Publicar un comentario